PHARMACOTHEON

Jonathan Ott



 
PROLOGO A LA EDICION ESPANOLA



            Todos los estudiosos, eruditos y aficionados a lo que podríamos llamar "la enteogenia" debemos agradecer a Jonathan Ott el enorme esfuerzo que significa la elaboración de Pharmacotheon. Era necesaria una recopilación sistemática como la presente, cuyo futuro uso se adivina más como sólido libro de consulta al gran estilo clásico que como texto de lectura, aunque una cosa no quita la otra. Los conocimientos científicos de que disponemos actualmente sobre plantas y otras substancias psicoactivas, conocer elaborado por la química, la farmacología, la antropología y la botánica, estaban dispersos en un caos de bibliografía y artículos especializados. Esta situación queda magistralmente resuelta con esta obra de carácter universalista (a pesar de que, en algunos momentos y como europeo, encuentro en falta una inclusión más amplia de publicaciones no anglosajonas). En mi opinión Pharmacotheon consagra definitivamente a J. Ott como uno de los más importantes investigadores y autores contemporáneos dentro del ámbito de los estudios de etnofarmacognosia, como él mismo ha bautizado. Además, es preciso también resaltar su preciosista estilo literario de una altísima calidad.

Partiendo de su biografía, podríamos decir que J. Ott es un típico hijo norteamericano self made man de la década de los años 1960 (creativo, tenaz, sugerente y libre) que ha corrido todos los riesgos de actualizarse dentro de un marco científico de carácter mercantilista, como es el actual, sin por ello abandonar sus más sólidos principios éticos y de rigor científico. En 1968, por su situación familiar, no podía estudiar en la Universidad exactamente de la forma en que él quería, y por la guerra del Vietnam le tocaba ir al frente. Para evitar participar en el demencial conflicto bélico, y para esquivar la cárcel que era la solución establecida a su negativa, pasó tres años deambulando por los espacios sociales más bajos, marginales y criminalizados. Allí conoció los efectos extáticos de los enteógenos (término acuñado años más tarde por un equipo de científicos del que el propio Ott era miembro) y fue este buen uso de los mal llamados alucinógenos, especialmente LSD, lo que le permitió vivir una espiritualidad actualizada, le salvó de llevar, tal vez para el resto de sus días, una vida marginal, y le despertó el interés vocacional al que está consagrando su vida.
 


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